La era digital está produciendo transformaciones tales que han sido comparadas por destacados teóricos como Peter Drucker con el profundo cambio económico y social que produjo la revolución industrial. Estamos inmersos en un mar de innovación y experimentación que surge de universidades, centros de investigación, y empresas que buscan ampliar sus mercados y evitar ser obsoletas frente a competidores más productivos que se valen de recursos más modernizados.
La innovación tiende a ser fértil en climas descentralizados y libres y muy pobre en marcos económicos dominados por monopolios o proteccionismos. También las burocracias estatales suelen serrefractarias al cambio. La Secretaría de Relaciones Exteriores de México, por ejemplo, exige que ciertas formas se completen en máquina de escribir, pese a que la mayoría no tiene acceso a ellas ya sea por falta de recursos o porque ya no se producen y se reemplazaron hace tiempo por computadoras.
Hace ya 62 años desde que el importante teórico de la economía de mercado y profesor de la universidad de Harvard Joseph Schumpeter acuñó en su libro Capitalismo, socialismo y democracia el concepto de “destrucción creativa” para explicar que empresas, productos y procesos productivos novedosos desplazan a predecesores que, comparativamente, dejan de ser atractivos. Un ejemplo reciente de este fenómeno es la empresa informática Apple que con el iPod (un aparato portátil para grabar y reproducir música digitalmente) desplazó al walkman de Sony, y con la tienda en línea iTunes expandió el modelo de consumo de canciones en vez de álbumes más allá del nicho joven y cibernauta (la tienda virtual vendio 50 millones de canciones en aproximadamente en menos de un año). Por su conceptualización de este proceso económico característico del capitalismo, Schumpeter ha sido un “gurú” para los defensores de la nueva economía.
En el campo de los libros de negocios, la innovación ha sido tema de numerosos bestsellers. Otro profesor de Harvard, Clayton Christensen, demuestra en The Innovator’s Dilemma que las empresas que desarrollan nuevos productos no siempre son capaces de comercializarlos y capitalizar los recursos invertidos en ellos. Por ejemplo, la desaparecida empresa de comunicaciones Bell y la muy vigente Xerox originaron en sus laboratorios (Bell Labs que es ahora parte de Lucent Technologies y Xerox Parc) importantes tecnologías que luego no supieron capitalizar y terminaron siendo usufructuadas con éxito por otras compañías. El autor señala como tecnologías “disruptivas” la telefonía celular, la fotografía digital, la educación a distancia, el comercio electrónico y el libro virtual. Con esta lista es posible distinguir a las empresas que se favorecieron al adoptarlas o desarrollarlas y de las que sufrieron por haberlas ignorado.
Entre las razones que explican la incapacidad para competir en la era digital están la rigidez y arrogancia de estructuras rígidas e incapaces de apreciar los cambios y entender las necesidades de clientes y usuarios. Considerando el impacto de la innovación en las empresas y sus efectos potencialmente devastadores en las tasas de empleo (millones de puestos de trabajo se transforman, desplazan o desaparecen con las nuevas formas de producción), no es extraño que este sea un asunto de vida o muerte para las compañías sus empleados, socios, proveedores, clientes y las áreas dónde producen y operan. Estar al día y anticipar el futuro son asuntos que ocupan y preocupan a los empresarios responsables.
Lecturas
Clayton M. Christensen. The Innovator’s Dilemma: The Revolutionary Book That will Change the Way You Do Business; HarperCollins Business; 2003.
Clayton M. Christensen. The Innovator’s Dilemma: When New Technologies Cause Great Firms to Fail. Harvard Business School Press; 1997.