La creciente importancia estratégica de China es evidente en los enormes déficits fiscal y comercial de Estados Unidos. El de cuenta corriente alcanza ya el 5.7 por ciento del producto bruto interno y, en el último mes, el déficit comercial marcó un record: 61 mil millones de dólares. Esto afecta negativamente el valor del dólar, y puede comprometer la recuperación económica estadounidense y su impacto en la economía mundial.
El rol de China en el déficit estadounidense es paradójico. Por un lado, es uno de los principales compradores de bonos estadounidenses, lo que ayuda a financiar el déficit y mantener bajas tasas de interés de Estados Unidos, alivia a sus autoridades monetarias, y a los consumidores que compran mercancías a crédito sin importar su origen. Además de acreedor, China, cuyas ventas a Estados Unidos crecieron un 50 por ciento en el último año, es el segundo exportador hacia EE. UU. después de Canadá y ya duplica las exportaciones de México. Esto ha generado la ofensiva de empresas estadounidenses que no pueden competir con los precios chinos e irritan a un creciente número de congresistas que promueven leyes proteccionistas incluidas sanciones que, de aprobarse, podrían obligar a China a reevaluar su moneda, lo cual no resuelve los problemas de fondo de EUA.
Esa retórica simplista no alcanza a empañar las altísimas y sostenidas tasas de crecimiento de China en los últimos 10 años, ni impide que sea ya el segundo país en posesión de reservas internacionales después de Japón. China ha demostrado gran capacidad para descentralizar la economía e iniciar un proceso selectivo y ordenado de privatización, desarrollar una industria cada vez más productiva y competitiva, y auspiciar el crecimiento de una clase media con capacidad de consumo. Todo indica que China dejará de ser un país de mano de obra barata para convertirse en un mercado atractivo para productos y servicios de gran valor agregado.
En China Inc., el periodista Ted C. Fishman señala que China es el mayor constructor de plantas eléctricas del mundo. Sólo en el 2004, invirtió en ese rubro 24 mil millones de dólares contratando a empresas como Bechtel, General Electric, Mitsubishi y Simens (para ponerlo en perspectiva, esto significa que cada dos años China instala la capacidad de generación eléctrica de toda Gran Bretaña). Fisher también analiza el desarrollo del sector automotriz y la construcción de carreteras. El consumo de automóviles ha crecido exponencialmente y con él la necesidad de una red carreteras moderna que, según el autor, será satisfecha con rutas cuya extensión equivale en kilómetros equivalente al de toda la red interestatal de los Estados Unidos.
No obstante la creciente importancia de China en la economía mundial, los gobiernos occidentales no han sido hasta ahora capaces de articular una política exterior que reconozca su perfil de gran potencia. La velocidad del crecimiento chino, la combinación de economía centralizada y mercado abierto, comunismo y capitalismo, autoritarismo e incipiente pero creciente sistema de derechos parece desconcertar a los países del hemisferio oeste al mismo tiempo que las naciones asiáticas como India intensifican acuerdos y relaciones con la nueva potencia.
En este contexto global resulta inexplicable que nuestro gobierno y dirigentes políticos no adviertan que México pierde atractivo como país que ofrece interesantes oportunidades de inversión y crecimiento. Desafortunadamente están concentrados en buscar formas de descalificar a sus contrincantes en la sucesión presidencial en vez de formular una agenda política moderna que se enfoque seriamente en los problemas nacionales y nos ponga en contacto con lo que sucede en el resto del mundo.
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Lecturas:
Ted C. Fishman; China, Inc.: How the Rise of the Next Superpower Challenges America and the World; Simon & Schuster; 2005.
Monday, February 27, 2006
Lo que Pasa y los Libros
Lecturas:
Ted C. Fishman; China, Inc.: How the Rise of the Next Superpower Challenges America and the World
Los libros, una buena base para entender lo que esta pasando